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Naren Herrero
Hijo de vecino – Un Diario de Viaje Espiritual.
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En diciembre 2016 se publicó El científico y el santo (Olañeta Editor) del escritor indio Avinash Chandra y en cuanto el libro llegó a casa me lo metí en la mochila para leerlo en la pausa de 20′ que tenía entre mis clases de yoga, pues las 780 páginas y el kilogramo que pesa el libro no eran nada en comparación a la ilusión que me hacía la perspectiva de su lectura. Ya sabía yo de buenas fuentes y por el subtítulo – Los límites de la ciencia y el testimonio de los sabios – que el tema me iba a interesar. Un mes más tarde, habiendo leído el texto concienzudamente quiero compartir mi experiencia y mi opinión….

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Roberto Carlos Mirás
Entre la ciencia y la realidad – Revista Qué Leer.
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En El científico y el santo. Los límites de la ciencia y el testimonio de los sabios son multitud de voces las que nos acercan a ese conocimiento y a esa sabiduría, de una manera sumamente enriquecedora. Sus páginas están integradas por todo tipo de información que su autor ha sabido recopilar de una manera magistral.

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José Ignacio Marina Mora
Escuela Online para la Autorrealización.
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Hay libros que no tienen más que estar en nuestras manos para darnos cuenta del Valor que tienen. “El científico y el santo” es uno de ellos.

Muchos percibimos cómo la ciencia se ha polarizado y se ha convertido en hipnótica para la sociedad, y a su vez reconocemos la carencia de valores espirituales en la humanidad, pero leer continuos destellos reflexivos de sentido común que muestran cómo se ha producido esta desviación, es aire puro y fresco para la conciencia.

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A través de una detallada exposición acerca de cómo “piensa” la sociedad en la que vivimos, y de hacia adónde apuntan los sabios, este libro nos proporciona Conocimiento para aumentar nuestra libertad y Sabiduría para crecer espiritualmente.

Es el absurdo más sorprendente vivir en un mundo sin alma, cuando somos Almas en el Mundo. Sin embargo, está bien arraigado en el colectivo, hasta el punto de que “lo otro” ya ni siquiera se percibe como rareza, porque no se percibe, se ignora, se excluye. Es muy fácil caer en la inercia de que lo científico es lo correcto y lo único. Rescatemos el testimonio de los sabios para vivir con dirección y sentido.

Recomiendo con entusiasmo leer “El científico y el santo” a todo aquel que quiera despertar y continuar en el camino de la Autorrealización. Gracias al autor, Avinash Chandra, por este precioso libro, y gracias al Editor, Olañeta, por presentarlo en calidad excepcional. Yo gozo cada día con este libro.

Hari Dasa
Profesor de Yoga clásico y filosofía vedanta
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Pienso, no sin tristeza, que una de las grandes tragedias de esta época, si no la mayor,  es la pérdida de los valores espirituales de occidente, la cual ha dado paso a una cierta “dictadura del racionalismo”, en la que la tendencia religiosa del ser humano ha perdido todo honor, credibilidad e incluso respeto. En este sentido, la lectura de “El Científico y el Santo”, ha sido para mí un bálsamo, un manifiesto que restaura el inmerecidamente perdido honor de las tradiciones religiosas y espirituales del mundo, y lo que es más importante, lo hace a través de la razón y el estudio crítico y analítico del pensamiento humano.

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La impresionante recopilación de textos científicos, filosóficos y religiosos hace toda una biblioteca de un solo libro, que además, y a pesar de sus más de setecientas páginas, se hace muy fácil de leer.  Pero quizás lo más bello de la obra, es que, si bien adopta una postura a favor de la visión filosófica tradicional, y opuesta al cientifismo absolutista, no lo hace con sectarismo, ni tampoco encorsetándose en un solo punto de vista, sino analizando y mostrando multitud de perspectivas, de forma amplia y humilde. No es este un libro contra la ciencia, es más, es un libro a favor de la Ciencia, en su más amplia acepción. Si es un libro en contra de algo, ese algo es el prejuicio, y me atrevo a decir, que el lector honesto, no terminará su lectura sin cuestionar su postura ante la ciencia y la religión.

Avinash Chandra, autor enriquecido tanto por la tradición espiritual india, como por la cultura occidental, nos recuerda en esta obra la hermosa sentencia védica  “La Verdad es una; los sabios la llaman de distintas maneras”, y, no menos bella, la contestación de Hamlet a Horacio: “Hay mucho más en el cielo y en la tierra que en tu filosofía”. Definitivamente un libro necesario.

José Manuel Vidal
Médico.
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Magnífico y esclarecedor libro en el que el autor, con elegante prosa, nos dice que la materia-energía no es en última instancia sino consciencia-espíritu.

Pero esto no puede descubrirse de manera científica al ser algo que no puede percibirse con los sentidos sobre los cuales se basa la ciencia. Esta verdad solo puede experimentarse directamente, mediante el “ojo del corazón” situado en lo más profundo del hombre.

La experiencia contrastada de los numerosos sabios referida en el libro añade un extraordinario valor testimonial directo a este mensaje.

Joaquín Albaicín
Cultura Transversal.
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Ciencia versus Religión: la visión india
“No está la vida como para desaprovechar la ocasión de adquirir este libro, que conforma ante todo una sosegada, pero implacable reivindicación del sentido común frente a la vesánica chifladura que en los últimos doscientos años ha convertido el mundo, merced a la desatada expansión de la civilización occidental moderna…”

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Ángel Almazán
Periodista y escritor.
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Un gran libro. Sólido análisis crítico de los límites de la ciencia moderna ante la mirada del testimonio de gran número de santos y sabidos de todas las tradiciones. Muy recomendable.

www.soriaymas.com

Juan Carlos Ramchandani
Sacerdote hindú vaishnava, escritor y conferenciante.
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Con sumo gusto, he completado la lectura del libro El científico y el sabio: los límites de la ciencia y el testimonio de los sabios, escrito por el pensador indio Avinash Chandra. El libro cuenta con…..

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Ramiro Calle
Reconocida autoridad sobre Yoga, pionero del Yoga en España.
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LA TERCERA VÍA: CIENCIA Y SANTIDAD
Lo he dicho numerosas veces en las clases que imparto de meditación: “Los científicos saben, pero los místicos saben mucho más”. Sinceramente, yo podría prescindir de Einstein, pero nunca podría hacerlo de un Rumí, San Juan de la Cruz o Kabir, que han sido gran inspiración, consuelo y aliento para mi vida de buscador de la última realidad. Le debemos mucho a

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Vicente Merlo
Indólogo especializado en hinduismo, yoga y budismo.
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Avinash Chandra, en la impecable traducción de Álvaro Enterría, nos ofrece un monumento de sabiduría. Efectivamente, se trata de una enciclopedia de saberes en la que el autor se retira de la escena para manejar la multitud de textos citados que embellecen este grandioso tejido. De vez en cuando, su rostro se deja ver, para articular la multiplicidad de voces que componen el coro de esta inmensa obra de casi ochocientas páginas. Ni que decir tiene que, más allá de las apariencias, el autor está muy presente, no solo en la elaboración y engarce de los distintos textos, haciendo entrar aquí y allí a sus solistas favoritos, sino también y ya desde el comienzo, en la significativa selección de dichos textos.

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Dada la amplitud de los temas tratados y la abundancia de ideas desplegadas, no es cuestión de resumir, por brevemente que fuese, las ideas principales del libro. Baste con transmitir la impresión general y ofrecer algunas muestras del sabor que caracteriza al libro. Hay que empezar diciendo que el título y el subtítulo permiten tener presentes los dos pilares que sostienen este majestuoso edificio. Efectivamente, uno de ellos es la figura del científico. El otro, la figura del santo, implícitamente identificada con la del sabio, como el subtítulo invita ya a suponer. Subtítulo que añade el trazo fundamental de una primera parte, la dedicada a exponer la naturaleza de la ciencia, y sobre todo sus límites. Límites que excede cuando va más allá del método riguroso que la caracteriza y se convierte en una “ideología” que es justamente calificada de cientificista, reduccionista, incluso de totalitaria. Yo diría que los cuatro primeros capítulos, es decir más de 250 páginas, extensión que justifica un libro entero, giran alrededor de la ciencia y sus límites. Cabe destacar el capítulo 3 por la amplia descripción del evolucionismo darwinista y por las críticas tan duras como necesarias hoy que se vierten, arropado por la multitud de pensadores, científicos y filósofos que acompañan siempre a nuestro autor, contra el modo frecuente, acrítico  y limitador de entender la naturaleza humana dentro del marco del biologismo reduccionista que caracteriza al modelo antropológico dominante en nuestros días.

El capítulo 4 diríase gozne que articula la primera parte (crítica al cientificismo) con la segunda, correspondiente, como decíamos, a la segunda parte del subtítulo, “el testimonio de los sabios”. Se aborda aquí la cuestión tan crucial a la hora de presentar cuál es la naturaleza del ser humano y de la realidad toda, referente a la comprensión de la relación entre el cerebro, la mente y la conciencia. El mundo de la subjetividad se revela como el campo más propio de la verdadera mística y la verdadera sabiduría, fuera del alcance de la ciencia y sus métodos centrados en el mundo externo. Si lo consideramos gozne que articula ambas partes es porque la visión científica ofrecida por las neurociencias está muy presente, si bien se termina criticando sus limitaciones y su reduccionismo fisicalista, característico del monismo materialista, incluido el emergentismo menos radical. Frente a esa  tendencia a reducir la conciencia a mente y esta al funcionamiento cerebral, asistimos a un final de capítulo apoteósico, señalando la prioridad de la conciencia.

Prioridad de la conciencia y distinción entre esta y la mente que resulta fundamental en las principales tradiciones índicas. Y como era de esperar, dada la nacionalidad del autor, el hinduismo resulta especialmente privilegiado, gozando de una mayor presencia en el libro, a través no solo de sus textos clásicos (Upanishads, Bhagavad Gita, etc.) o sus sistematizadores medievales, muy especialmente Adi Shankaracharya, ya que el autor parece hallarse más cerca de la concepción no-dualista por este representada, sino también y muy especialmente dando abundantemente la palabra a bien conocidos maestros espirituales (los sabios que testimonian de la Realidad última), como Ramana Maharshi, Ramakrishna, Swami Ramdas, Anandamayee Ma, y otros en menor medida. De esto se ocupa, efectivamente el capítulo 5, como bien permite adivinar su título: “La consciencia en el pensamiento de la India”.

Pero no crea el lector que sus referencias se limitan a la tradición hindú. Ni mucho menos. Muy diversas tradiciones están representadas en este bello ramo floral: el cristianismo y otras tradiciones occidentales, a través de sus místicos y sus pensadores, muy especialmente Eckhart, Plotino, Ricardo de san Víctor y otros muchos, el budismo, aunque en menor medida que el hinduismo, el sufismo, el judaísmo, el taoísmo, y otras tradiciones que han enriquecido la conciencia y la historia de la humanidad..

Importante es también el capítulo 6, dedicado a exponer la naturaleza del “conocimiento espiritual”, distinto no solo a la razón científica, sino igualmente a la razón filosófica, racionalista o empirista. Retomando la distinción que vemos ya en Platón y recorre la tradición medieval entre un conocimiento argumentativo, mediado, indirecto (ratio, razón) y un conocimiento inmediato, directo, intuitivo (intellectus, inteligencia), se apunta hacia la especificidad del conocimiento espiritual, genuinamente “metafísico”, en el sentido más puro de este término, que desemboca en la auténtica realización metafísica o espiritual, a través de un conocimiento por identidad. Eso es lo que todo el capítulo 7, quizás eje del libro, “el testimonio de los sabios”, recrea abundantemente, a través de sus más de setenta páginas. Testimonian, justamente, de una realidad, la Realidad última, no-dual, más allá de sus nombres y sus formas, y que comparten los santos y sabios de las distintas tradiciones.

En esta idea, algunos lectores sabrán ver que toda la obra es una reivindicación de la existencia de una “filosofía perenne”, y quizás más allá de ella, de una “sabiduría perenne”, leída primordialmente a la luz de un buen número de representantes de esa escuela que tiene a su promotor inicial en René Guénon, que aquí aparece, pero en un tercer lugar, y goza de una importante serie de seguidores destacados, como A.K. Coomaraswamy, F. Schuon o H. Nasr, cuyo pensamiento diríase marca el norte de esta amplia y flexible presentación, capaz de resacralizar la existencia. Será aquí la única ocasión en que cite al autor, en tan nuclear asunto: “Hoy en día quizás la tarea más urgente sea resacralizar el mundo y la vida” (p. 616). Lo sagrado se convierte, así, en símbolo central de esta visión del mundo que nos permite adentrarnos en la “unidad trascendente de las religiones” (una vez más en palabras de Schuon) más allá de sus diferencias y particularidades, como el capítulo 8 trata de mostrar logrando un cierto equilibrio entre el religionismo acrítico y el anti-clericalismo miope, mostrando esos dos niveles de toda (o casi toda) religión: la forma exotérica y la esencia esotérica. Esta última sería, justamente, la experiencia mística y el conocimiento metafísico, espiritual.

La muerte y el mal (capítulos 9 y 10 respectivamente) reciben un amplio tratamiento, recogiendo el primero tanto la corriente centrada en las experiencias cercanas a la muerte como la perspectiva “tradicional” reactualizada en ese perennialismo resacralizador que el autor expone como manera de “salir del laberinto”, título de nuestro último capítulo, a modo de recapitulación de toda la riqueza desplegada a lo largo del libro.

Un libro para saborear despacio, un libro a tener en cuenta, un libro con el que entrar en diálogo, algo que indudablemente hará el lector que se atreva a hacer frente a este importante reto: el reto de tener en cuenta “el testimonio de los sabios”.

Javier Peteiro
Científico autor del libro “El autoritarismo científico”.
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La lectura de “El científico y el santo” ha constituido para mí una experiencia gozosa, reconfortante, porque me ayuda a sostener la esperanza en que tanto tesoro de sabiduría como el que sostiene la redacción del texto, permitirá afrontar esta triste época en la que un cientificismo tan ingenuo como dogmático se arroga el papel de constituirse en el único relato.

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La ciencia es maravillosa. No sólo porque su extraordinario método nos permite conocer la naturaleza y lo que de natural hay en nosotros. También porque podría decirse que, ampliando la mirada muchos órdenes de magnitud, la ciencia desvela la belleza del mundo.

Ahora bien, la ciencia tiene límites. No sólo los que mostraron Gödel o Heisenberg. No sólo los pragmáticos que suponen las ecuaciones no lineales. Tiene el límite esencial de que no puede dar cuenta de lo subjetivo. Es muy probable que la consciencia en sentido fuerte no sea al final un problema científico y permanezca para siempre como interrogante filosófico esencial.

Avinash Chandra sabe de lo que habla, tanto al hacerlo de ciencia como al referirse a tanta sabiduría de las distintas tradiciones religiosas.

Hay sólo algo con lo que no puedo estar de acuerdo con él y es su aparente negacionismo de la evolución, que le lleva, me parece entender, a asumir una causalidad final o, mejor, formal (“emanacionismo”), que distancia del creacionismo pero que recuerda al diseño inteligente. Las deficiencias, las lagunas que puedan darse en el marco evolutivo, fuerzan a un esfuerzo mayor de investigación y de construcción teórica, pero considero innegable como hecho científico que la evolución se da. En este sentido, me parece recomendable el libro de Gould, “La estructura de la teoría de la evolución”.

Creo, y lo manifiesto como creyente, que la contingencia, el azar, que sostienen la evolución, no sólo no chocan con la existencia de sentido, sino que lo realzan en el ámbito del misterio. Como científico, sólo puedo admitir la causalidad material y eficiente. Como creyente, asumo un sentido amoroso de lo existente y que en Dios la legalidad física y la contingencia son instrumentos que conforman el devenir del mundo. Me parece que, en el caso de la evolución, Chandra mezcla en exceso ciencia y creencia.

Esta disonancia es, no obstante, menor para mí en comparación con todo lo que personalmente le agradezco al autor, que ha construido lo que podría definirse como un manual de sabiduría. Estamos ante un libro que ha sido escrito sin duda por un sabio, como lo muestra su redacción, la amplísima documentación en que se basa, y la ausencia de concesiones a algo tan de moda como los sincretismos a lo “New Age”.

Es un libro que enseña pero que, a la vez, enseña a aprender, proporcionándonos referencias a los grandes textos, a autores olvidados, a los que tan atinadamente llama “santos”, término tristemente degradado en nuestro tiempo y en nuestra cultura.

Recuerda “La Filosofía Perenne” de Huxley, pero logra saciar una ambición mayor, la de contrastar lo que puede ofrecer la ciencia, lo que es el totalitarismo cientificista, y la sabiduría que no ha de buscarse fuera sino en lo más próximo, en lo más íntimo y profundo. Su conocimiento de las grandes religiones me ha impresionado y, a la vez, estimulado a estudiar las que menos conozco.

En suma, comparto mi experiencia en la esperanza de que quien esto lea se anime a disfrutar de un texto que puede ayudarle de un modo muy realista, a diferencia de tanto manual vulgar de autoayuda que por ahí hay, a vivir una vida buena, una eudaimonía, en el sentido más noble.

Raimon Arola
Profesor de la universidad de Barcelona especializado en simbolismo y tradición hermética.
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Cuando tuve conocimiento de este libro me quedé indiferente, pero cuando lo he ojeado he cambiado totalmente de opinión. Es un libro realmente importante en el gran proyecto de la Philosophia perenne que la editorial Olañeta lleva a cabo y que tantas veces ha sido pionera en lengua castellana.

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Volviendo al libro dos cosas quiero destacar:

  1. La amplitud de conocimientos y de citas del autor. En este sentido está a la altura (casi) del TESORO DE SABIDURIA TRADICIONAL de Whitall N. Perry, al que cita muy a menudo.
  2. La claridad del concepto tradicional del autor. Lejos de intentar “quedar bien” con el cientifismo actual, enseña la distancia de la ciencia profana y la ciencia divina. Louis Cattiaux, en la misma línea, escribió: “La ciencia profana realiza todos los días prodigios increíbles, y ¿acaso la ciencia de Dios sería impotente para salvarnos de la muerte?” (El Mensaje Reencontrado”). En definitiva, saber separar ambos estados de conciencia es fundamental hoy en día cuando el cientifismo se adueña por completo de nuestros espíritus y la tradición auténtica no tiene cabida.
  3. Encuentro a faltar la biografía completa del autor.

Enhorabuena a todos los  que han hecho posible esta obra.

Elena Almirall Arnal
El Periódico de las Buenas Noticias.
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Plantea Avinash Chandra, en su libro “El científico y el santo. Los límites de la ciencia y el testimonio de los sabios” que “la pérdida de la religión tradicional y del sentido de lo sagrado han sumido a Occidente —y, poco a poco, al resto del mundo— en una crisis existencial sin precedentes.” Asegura que la ciencia no puede presentar una visión del mundo completa, debido a sus muchas limitaciones, y que es urgente que….

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Mundo Tradicional
Publicación digital dedicada al estudio de la espiritualidad.
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Desde un rigor, documentación y profundidad incomparables, “El científico y el Santo” aparece como una obra de referencia y de hondo calado en los estudios tradicionales.
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El libro desarrolla exhaustivamente diversos temas esenciales: las incongruencias y límites de un paradigma científico (materialismo, azar, evolucionismo, objetivismo) sustentado en creencias e ideologías; la naturaleza de la Mente y la Consciencia y su precisa diferenciación, muy claramente establecida en la visión metafísica hindú; el Conocimiento espiritual genuino de la mano de multitud de testimonios de sabios realizados; los grandes problemas filosófico-teológicos, como el del Mal en el mundo o el significado de la Muerte, desde un punto de vista iniciático, etc.

En definitiva, una obra imprescindible para comprender de forma cabal la deriva del mundo occidental moderno en su degradación antimetafísica, en contraste con el legado de Sabiduría perenne de las Tradiciones Sagradas.

www.mundo-tradicional.blogspot.com

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